MARTES, 26 de febrero (HealthDay News) -- Los perros entrenados
podrían ser no solo un amigo peludo para los niños autistas, sino
que también podrían aportarles algunos beneficios terapéuticos,
halla una nueva revisión de investigaciones pasadas.
Hay una "cantidad sustancial de evidencia" que señala a los
perros como "catalizadores sociales", de manera que incluso pueden
hacer que los adultos sean un poco más amistosos entre ellos,
comentó la investigadora principal Francesca Cirulli, del Instituto
Nacional de Salud en Roma, Italia. Y los pocos estudios que se
centraron en los niños autistas sugieren que esto también es cierto
para ellos.
Desde hace mucho tiempo las personas han recurrido a los
animales como medio de ayuda ante algunas enfermedades o
discapacidades, como parte de una terapia formal o bien para
ofrecer una asistencia diaria (como es el caso de los perros guías
para las personas ciegas).
En algunos casos, la "terapia" o el "servicio" proporcionado por
los perros tienen como objetivo ayudar a los niños con trastornos
del espectro autista (TEA), un grupo de trastornos del desarrollo
del cerebro que dificultan la capacidad de un niño de comunicarse e
interactuar socialmente. Los TEA van desde los casos graves
"clásicos" de autismo hasta la forma relativamente más leve llamada
síndrome de Asperger.
En Estados Unidos, se estima que alrededor de uno de cada 88
niños tiene alguna forma de autismo.
Sin embargo, se ha investigado poco si los perros entrenados
pueden beneficiar a esos niños. La buena noticia es que la
evidencia existente es prometedora, según la nueva revisión,
publicada en la edición de febrero de la revista
Journal of Alternative and Complementary Medicine.
No obstante, "es pronto para sacar conclusiones definitivas",
afirmó Cirulli.
En concreto, el equipo de Cirulli halló seis estudios publicados
sobre los efectos de los perros en los niños con trastorno del
espectro autista. Cuatro de ellos observaron a los perros de
terapia, los que usan los terapeutas en las sesiones formales a fin
de ayudar a los niños a sentirse cómodos, a ser participativos y
más comunicativos.
En general, los estudios eran positivos, hallaron Cirulli y
colegas.
En un estudio con 22 niños, por ejemplo, estos hablaron más y se
mostraron más participativos socialmente durante las sesiones
terapéuticas en las que había un perro presente. En otro estudio de
12 chicos, los niños fueron menos agresivos y sonrieron más cuando
la sesión terapéutica contó con un compañero canino.
Dos estudios se centraron en los perros de servicio, que han
sido entrenados para vivir con las familias. Los animales sirven
principalmente para dar seguridad a los niños autistas; cuando los
familiares salen, el niño literalmente se amarra al pero para
evitar que se escape o se lastime.
"Eso puede ser un gran alivio para las familias", afirmó la Dra. Melissa Nishawala, directora médica del Programa Clínico y de Investigación de los Trastornos del Espectro Autista del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York.
La ansiedad de los padres por la seguridad de sus hijos puede
llevarles al aislamiento social en ciertos casos, aseguró
Nishawala, quien no participó en el estudio. "Su mundo puede quedar
muy reducido", comentó, "porque limitan los lugares a los que
van".
Por lo tanto, un perro de servicio se puede notar mucho en toda
la familia, aseguró Nishawala.
El equipo de Cirulli halló que los perros de servicio también
podrían ser beneficiosos para la conducta de los niños. En los dos
estudios que revisaron, los padres habitualmente afirmaron que sus
hijos se comportaban mejor y estaban más atentos cuando la familia
se hizo con un perro de servicio.
Sin embargo, todavía quedan muchas preguntas sobre la terapia
con perros y sobre los perros de servicio.
Por un lado, los niños con un trastorno del espectro autista
varían mucho en cuanto a sus problemas y la gravedad de los mismos.
Nadie sabe con seguridad qué niños son los que podrían beneficiarse
más del tiempo con un perro entrenado, señaló Nishawala.
Según su opinión, se necesitan más estudios; no solo más
extensos, sino también con mejores "definiciones". Eso significa
que hay que asegurarse de que a los niños que participan en ellos
se les ha diagnosticado formalmente un tipo de autismo, hay que
definir cuál es la "terapia" y asegurarse de qué resultados son los
que el estudio está evaluando.
Hay muchas evidencias anecdóticas que muestran que un perro
podría ayudar a un niño autista a salir de su aislamiento, comentó
Nishawala, pero apenas están surgiendo evidencias científicas.
Cirulli se mostró de acuerdo en que definir mejor los estudios
es una cuestión clave.
Es posible, dijo Cirulli, que un perro ejerciera unos efectos
negativos sobre algunos niños con un trastorno del espectro
autista. Un animal podría, por ejemplo, aumentar su conducta
"hiperactiva".
Para aquellos padres que se pregunten si adoptar un perro sería
una buena idea, la respuesta al parecer es que "depende".
Cirulli indicó que esos estudios se centraron en niños autistas
con perros entrenados. Así que no se puede dar por sentado que los
hallazgos valgan para cualquier perro.
Primero, quizá habría que ver qué tal interactúa el niño con el
perro de un amigo o del vecino, sugirió Cirulli.
Nishawala coincidió en que "adoptar un perro podría ser algo
bonito para la familia". "Podría ser terapéutico para todos".
Si le interesa un perro de servicio entrenado, prepárese para
hacer el desembolso. Cuesta alrededor de 20,000 dólares entrenar a
un perro, y la familia tendría que pagar gran parte de esos
gastos.
Más información
Autism Service Dogs of America tiene más información sobre los
niños que podrían beneficiarse de un
compañero canino.
Artículo por HealthDay, traducido por
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